Dormir bien ¿es realmente importante?

Debido a los cambios constantes que tenemos en nuestra sociedad, no le damos la suficiente importancia a dormir poco o mal, pero si esto se vuelve un hábito nuestra salud puede verse afectada.

En los últimos años se está tomando conciencia de la importancia de llevar una vida saludable, en las que se hace especial mención al deporte y a la alimentación, pero ¿qué pasa con la cantidad y la calidad del sueño? Un mal descanso tiene consecuencias tanto a nivel físico como psicológico.

En resumen, a nivel físico, nos encontramos con cansancio, somnolencia, y a nivel psicológico observamos lentitud de pensamiento, irritabilidad, disminución de la atención, y en caso más extremos síntomas depresivos y ansiosos.

¿Qué es mejor, la cantidad o la calidad del sueño?

Depende. Actualmente no podemos establecer cuántas horas con exactitud debemos dormir. Nos encontramos con personas que duermen poco y otras que duermen muchas horas para sentirse descansados. Lo más importante que tenemos que tener en cuenta es que cuando se alteran dichas horas de suelo nuestro cerebro lo nota.

Y, ¿qué sucede cuando hay dificultades para dormir o no podemos hacerlo?

El término que coloquialmente usamos es “sueño acumulado” y estamos en lo cierto, tener pérdidas de sueño acumuladas durante la semana afecta a la atención, a las funciones ejecutivas, la memoria, el estado de ánimo, por lo que es vital tener un buen descanso durante la semana o en caso de no ser posible, durante el fin de semana.

¿Cómo podemos mejorar el descanso?

Una de las estrategias más conocida es conocida como higiene del sueño, y no es más que mantener ciertas rutinas para mejorar el descanso y los hábitos relacionados con el sueño y el dormir.

A continuación dejamos una serie de pautas que podemos intentar hacer en casa para dormir mejor.

· Arreglar el dormitorio para favorecer el sueño (temperatura, luz, sonido).

· No utilizar la cama para estudiar o comer.

· No beber alcohol, fumar o consumir cafeína antes de irse a acostar.

· Evitar el ejercicio físico extremo al acercarse la hora de acostarse.

· No comer al levantarse por la noche y evitar el consumo excesivo de líquidos durante la tarde-noche.

· No utilizar un colchón excesivamente duro.

· Evitar las tecnologías al menos dos horas antes de irse a la cama.


Elena Borrego Díaz. Psicóloga sanitaria. Especialista en Neuropsicología infanto-juvenil.

You may also like

Leave a comment

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para más información. ACEPTAR

Aviso de cookies