El desarrollo neuropsicomotor

A lo largo de los años, son diversos los estudios científicos que han demostrado la gran importancia que tiene el embarazo y los tres primeros años de vida en el desarrollo cerebral. Todo lo sucedido tanto a nivel ambiental como personal, así como las experiencias que tienen los niños/as durante estas etapas, tienen un impacto directo en la formación y el desarrollo del cerebro.

Como se explicaba en un artículo anterior (¿Cómo se produce la maduración cerebral y qué implica en el aprendizaje?), al nacer, en el cerebro se encuentran todas las estructuras (siempre hablando de un desarrollo normal), pero estas todavía tienen que desarrollarse, y cada una irá haciéndolo según qué momento. Es por ello por lo que los recién nacidos pueden realizar una serie de actividades de forma limitada y a medida que van creciendo, ese repertorio aumenta. Es lo que conocemos como los diferentes estadios o etapas, que se acompañan de los hitos evolutivos en cada una de ellas (las consecuciones más importantes dentro de cada etapa).

Dentro de esas etapas, la del desarrollo neuropsicomotor, es una de las más importantes, ya que implica lenguaje y diversas facultades motoras y comportamentales. Se trata de esa serie de capacidades a nivel motor (grueso y fino), de control postural y de carácter manipulativo, que requieren de una maduración neuropsicológica adecuada. Esto es, este desarrollo psicomotor (DPM) se refiere a la adquisición de una serie de habilidades psicomotrices de forma progresiva en las diferentes etapas. Se trata de un proceso que es continuo, con una serie de hitos similares en casi todos los niños/as, pero con un ritmo variable que difiere según la madurez de cada uno/a.

Por tanto, este desarrollo se refiere a que el niño, desde la forma más simple, vaya adquiriendo movimientos, conductas, conocimientos, relaciones sociales y lenguaje, realizándolos cada vez más completos y avanzados, conforme van adquiriendo más edad y una mayor maduración neuropsicológica.

Lo más importante del DPM, es que se precisa completar una etapa para poder alcanzar la siguiente. Así, por ejemplo, si un niño no tiene un control cefálico adecuado (no es capaz de sujetar la cabeza por sí solo), no podrá alcanzar una adecuada sedestación (estar en posición de sentado de forma autónoma).

Así pues, se hace necesario conocer el desarrollo normal del DPM a través de la maduración cerebral, para poder detectar signos de alarma que sugieran una afectación orgánica del sistema nervioso central o del aparato neuromuscular, así como problemas de inmadurez del sistema nervioso central (SNC). niños

¿Cómo se produce el desarrollo neuropsicomotor y su maduración?

 La maduración y el desarrollo, son dos términos que se complementan. En este sentido, el desarrollo sería la adquisición de las diferentes habilidades de carácter funcional en cada una de las etapas del aprendizaje, y, la maduración, sería cómo estas habilidades se organizan, completan y perfeccionan, permitiendo el máximo desarrollo neurofuncional de las estructuras cerebrales, y por ende, un mejor funcionamiento a nivel comportamental, personal y social del niño/a en los distintos ambientes.

Por ello, que el desarrollo se produzca de forma adecuada es muy importante, además de que existan los suficientes estímulos ambientales para que la maduración sea adecuada. Dentro del DPM, los dos primeros años de vida son un periodo crítico, puesto que los circuitos neuronales son más sensibles a los acontecimientos intrauterinos, genéticos y ambientales. Así, por ejemplo, la ausencia de la estimulación sensorial (a través de los 5 sentidos), puede afectar a la organización cerebral llegando a provocar retraso a nivel psicomotor.

Por tanto, para que el desarrollo y maduración cerebral sean los adecuados, se necesita de una adecuada organización de las estructuras, así como de su mielinización (el proceso por el cual las neuronas se recubren de mielina: una sustancia que facilita la conexión, la transmisión de impulsos nerviosos y de información, entre neuronas).

En la estructura del tronco encefálico, necesario para las funciones tróficas y reflejas, cuando está correctamente mielinizado, se producen los reflejos primitivos (respuestas motoras estereotipadas adecuadas a cada edad, que se desencadenan por estímulos y que llevan una respuesta determinada). Cada uno de esos reflejos está “programado” para aparecer  y desaparecer según la semana de gestación o mes de vida.

Los más importantes a tener en cuenta en el desarrollo y su maduración son: el reflejo de moro, el de búsqueda, el de prensión, el de succión y el tónico asimétrico cervical, ya que ayudan a conocer cómo se encuentra el SNC. Una alteración en los mismos puede ser tanto la ausencia como la no integración (persistencia) más allá del tiempo establecido para cada uno de ellos.

Esto es así ya que, las funciones del tronco encefálico deben ir perdiendo protagonismo (esto es, que los reflejos primitivos vayan desapareciendo) para que vayan apareciendo las funciones del cerebelo (patrones motores más complejos con interacción social) y para que maduren las vías visuales (necesarias para la socialización, reconocimiento del entorno y contacto visual).

La mielinización posterior de la corteza, permite además el desarrollo de la motricidad fina (aquí debería desaparecer el reflejo de prensión, sobre el segundo mes, dando paso a la prensión intencional de carácter voluntario). Aproximadamente a los 6 meses la presión es palmar, entre los 9-10 meses se produce la pinza proximal, y, sobre los 12 meses la pinza distal.

Siguiendo con la maduración de las estructuras, si todas se han producido de forma adecuada, a nivel de tronco encefálico y cerebelo, alrededor de los 5-6 meses, se produce la sedestación (permanecer sentado) con apoyo hacia delante y sobre los 7-8 meses sin apoyo. El desplazamiento comienza a producirse en forma de arrastre y posteriormente de gateo, o directamente puede producirse la marcha sin estos patrones previos. La deambulación autónoma se produce en los 9-16 meses.

Por último, en referencia a lo social, el contacto visual se produce a los 2 meses aproximadamente, la atención compartida de suele producir entre los 9-14 meses, y la teoría de la mente hacia los dos años.

Estos son algunos de los hitos más importantes del desarrollo neuropsicomotor. Para conocer de forma más compleja cómo detectar cualquier problemática en su desarrollo, se muestran los signos de alarma psicomotores, explicados según cada área del desarrollo.

baby-84552_960_720

 ¿Cómo saber si hay anomalías en el desarrollo neuropsicomotor?

Cuando el patrón normal del desarrollo no se produce de forma adecuada, se habla de una serie de signos de alarma. Que sea anormal, no supone necesariamente la presencia de una patología, pero es algo que conviene prestar especial atención, puesto que si hay problemas en el desarrollo psicomotor, se pueden llegar a causar problemas de aprendizaje, entre otras manifestaciones físicas y psicológicas. En la siguiente tabla se muestran los signos de alarma generales:

SIGNOS DE ALARMA GENERALES

  • Persistencia de reflejos o conductas de etapas previas
  • Retraso en las adquisiciones esperadas a una edad determinada
  • Estancamiento o regresión en las habilidades adquiridas
  • Calidad no adecuada de las respuestas
  • Signos físicos anormales
  • Formas atípicas del desarrollo

 

Además de los signos de alarma generales, se deben conocer más a fondo los rasgos o signos de alarma a los que hay que prestar especial atención según qué área:

EN EL ÁREA FÍSICA

  • Crecimiento anormal del Perímetro Cefálico (dentro del contexto talla y peso).
  • Anomalías en la fontanela.
  • Fenotipo peculiar.
  • Rasgos dismórficos.
  • Organomegalias.
  • Anomalías oculares.

EN EL ÁREA MOTORA

  • Retraso de adquisiciones motrices:

          No control cefálico a los 4 meses

          No sedestación a los 9 meses

          Ausencia de desplazamiento autónomo a 10 meses

          Ausencia de marcha autónoma a los 18 meses

          No coge objetos a partir de los 5 meses

  • Trastorno del tono muscular: hiper o hipotonía.
  • Asimetría en la postura o en las actividades.
  • Movimientos anormales (temblor, distonías, dismetría…).
  • Formas atípicas del desarrollo motor:

          Rechazo a estar en prono (boca abajo).

          Ausencia de arrastre o gateo.

          Desplazamiento sobre las nalgas.

          Marcha de puntillas.

          Señalar con el dedo pulgar.

 

EN EL ÁREA SENSORIAL

  • Visión:

          Ausencia de interés o éste es escaso.

          Movimientos oculares anormales.

          Ausencia de seguimiento visual.

  • Audición:

          Escasa o nula reacción ante sonidos y/o voces.

          Falta de orientación hacia la fuente que produce sonido.

EN EL ÁREA DEL LENGUAJE

  • Escasa reacción a la voz materna a los 2 meses.
  • No gira la cabeza hacia la fuente de sonido a los 4 meses.
  • Ausencia de vocalizaciones en los primeros meses.
  • Falta de balbuceo en el segundo trimestre.
  • Ausencia de bisílabos a los 15 meses.
  • No comprende órdenes sencillas a los 18 meses.
  • No señala partes de la cara a los 2 años.
  • Ausencia de lenguaje a los 2 años.
  • No dice ninguna frase a los 30 meses.

EN EL DESARROLLO COGNITIVO

  • Ausencia de viveza en la mirada.
  • No hay sonrisa social.
  • No hay interés por las personas o por los objetos.
  • Hay escasa reacción ante caras o voces familiares.
  • No extraña a los 12 meses.
  • No imita gestos a los 12 meses.
  • No comprende prohibiciones a los 12 meses.
  • No señala con el índice a los 12 meses.
  • No comprende órdenes sencillas.
  • No realiza juego imitativo a los 18 meses.
  • Tiene conductas estereotipadas o juego funcional.

EN LA CONDUCTA

  • Presenta apatía o irritabilidad con frecuencia.
  • Desaparece la mirada “viva”.
  • Rechaza el contacto físico.
  • Existe falta de interés por el entorno o las personas.
  • Presenta autoestimulación, o por el contrario, autoagresión.
  • Tiene crisis de ansiedad.
  • Presenta baja tolerancia a la frustración.

 

Tras conocer los signos a los que hay que prestar atención en función de las diferentes áreas, es muy importante consultar a un especialista ante cualquier duda que pueda surgir al respecto sobre el lenguaje, la motricidad, la conducta, etc. para así poder realizar una detección precoz, o en el caso de que ya esté asentada la problemática, identificar cualquier trastorno del desarrollo asociado y solucionar los problemas de aprendizaje que estén surgiendo a consecuencia de ello. Desde Capacita-le, os orientamos para poder dar respuesta al desarrollo neuropsicomotor de los menores.

You may also like

Leave a comment

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para más información. ACEPTAR