Enrique “El Travieso”

Enrique tiene diez años, muy alto y flaco. Siempre está en movimiento, no para un segundo ni para comer. Le gusta correr, jugar hasta hacerse daño y tiene pocos amigos en el cole. Aunque es muy enérgico, el deporte no se le da muy bien, lo que le pone de mal humor. Fue el primero de sus hermanos en aprender los números y las letras, sin embargo, ahora ir al cole supone toda una aventura cada mañana para sus padres. Todos sus profes saben y le repiten a diario que es un niño muy listo pero que debe centrarse más para aprobar los exámenes.

¿Cómo se siente Enrique?

Tengo diez años y soy el mediano de mis hermanos. Vivimos en una casa muy pequeña, con un gato. Mamá me quiere mucho, pero parece estar siempre triste por las cosas que hago sin querer, papá también se preocupa mucho más por mi que por mis otros hermanos.

Me encanta jugar y nunca me aburro, a veces puedo tirarme horas y horas sin parar y aunque no tenga más ganas de jugar necesito seguir moviéndome. Quiero tanto a mi gato que me gusta estar abrazándolo todo el día, hay veces que se molesta, ¡pero yo quiero seguir acariciándolo! Ya me han dicho muchas veces que hay que tratarlo de forma suave, pero a veces se me olvidan las cosas que me dicen.

En el cole prefiero estar corriendo por el patio, porque el resto de los compañeros no me hacen mucho caso, como no se me dan bien los juegos de deporte y esperar me pone muy nervioso, un día me enfadé tanto que empujé a varios compañeros; desde entonces, me miran un poco raro y eso que les pedí perdón… La verdad que soy muy listo, todo el mundo me lo dice, entonces no me hace falta estudiar mucho, solo necesito memorizar un poco más las cosas.

¿Qué podemos hacer por Enrique?

Como ves, cada situación es diferente según la miremos, por eso es muy importante “cambiarse las gafas” con las que miramos de vez en cuando y ponernos en el lugar del pequeñ@. El caso de Enrique es un caso que puede sonarnos tanto a padres como a profesionales. Independientemente del diagnóstico que pueda tener o no, Enrique es un niño con una hipo respuesta al movimiento, es decir, requiere una dosis extra de estimulación a nivel de movimiento que el resto de niñ@s de su edad. Parece que los patrones de su cuerpo están desorganizados y por eso no responde bien ante movimientos controlados y coordinados, los tiempos de atención son muy reducidos y le hacen mantener poco tiempo en las tareas que realiza. Debido a estas características, podemos entender que su aprendizaje escolar y desarrollo personal sea “diferente” al de los demás.

Con esta historia, no queríamos más que hacer hincapié en la importancia de analizar cada detalle aislado y entender que el comportamiento de nuestr@s hij@s muchas veces es causado por algún problema de base y no de manera intencionada. Cuando por fin nos paramos a entender esta cuestión y nos involucramos directamente con nuestros hij@s es el momento en el que tenemos mucho recorrido ganado. Ya después habrá tiempo para ayudas externas en el cole, terapias, etc… Cualquier niño o niña esconde un potencial increíble, solo necesitamos darle las herramientas adecuadas para descubrirlo y pulirlo. «Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo». Benjamin Franklin.


Eduardo Rosa Alcaraz. Terapeuta Ocupacional certificado en Integración Sensorial USC Nº: 1567

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